19 oct. 2013

Los cambios

Esta es la historia de una chica de 18 años cuyo mundo se derrumbó totalmente de un día para otro.
Esta chica gozó de un verano muy feliz, tenía toda su vida anclada a un suelo seguro. Un suelo en el cual tenia a todos sus amigos, los veía todos los días. Formaban el único grupo en el cual ella se había sentido bien acogida y a gusto.
Pero de repente, todo cambio.
Se hacían mayores y de un día para otro, se vio completamente sola.
"No hay peor soledad que estar rodeado de gente y aun así sentirse solo" decían. Y es una gran verdad.
Esta chica, en un solo verano, había perdido a su mejor amiga. La cual lo había sido por mucho tiempo y cada vez que recordaba algo o contaba alguna anécdota sobre sus vivencias, se preguntaba si en su voz se reflejaba el mismo dolor que se formaba en su interior.
Por otro lado, uno de sus mejores amigos se fue a estudiar fuera. Y aunque delante de éste no mostrara signo de dolor alguno, había llorado por cada vez que se hacía a la idea de que él se marchaba. No imaginaba un futuro sin su amigo sentado a su lado en clase.
Por último, estaba el hecho de que esta chica entro en una universidad en la cual no conocía absolutamente a nadie. Sus amigos no estaban con ella todos los días.
Ya no existían esas risas, esa complicidad, ese cariño.
Existía, pero no dentro de su facultad. No con esos desconocidos.
Sí, es verdad, hizo amistad con esos desconocidos de los que hablo. Se reía, y lo pasaba bien. Pero no era lo mismo. Esta chica no era ella. Evidentemente era gente que no conocía y su verdadera personalidad era ser alegre, hacer, decir tonterías y en cambio se mostraba "normal". O al menos, lo que la sociedad considera normal. ¡¿Normal?! ella nunca había sido normal, nunca había fingido ser alguien diferente. O al menos, contener quién era.
Y esta chica solo era ella, cuando estaba con su grupo.
Desgraciadamente, como mencioné al principio, todo se desmoronó.
La chica había perdido el control, sentía que algo o alguien se lo estaba arrebatando todo de forma lenta y agónica, y el nudo en su garganta seguía reprimiendo todo aquello que quería gritar, y supongo que seguirá así.
Y aunque quede demasiado típico, tú, pequeño lector dirás: ¿Cómo sabes tanto de esta chica?
Y la respuesta es bastante obvia y típica. Porque esta chica, soy yo.

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